Chéjovskaya

Cuentan algunos que esta estación es la favorita de una gran mayoría de moscovitas, debido a una bonita leyenda, a pesar de su juventud (24 añitos).

A 64 metros de profundidad, 126.000 transeúntes de los 9’2 millones diarios que bajan al metro moscovita, pasan diariamente por debajo de algo sin sospechar la historia que encierra.

Dicen que Chéjov se enamoró en sus últimos años de juventud de una chica que vivía en su edificio, chica que, a pesar de la fama del autor ya en aquellos días, le trataba de una forma un tanto arisca.
Chéjov, dada su enorme timidez y humildad de trato, no se atrevía a proponerle a la chica más que un amable intercambio de saludos, a los que ella con frecuencia no respondía. Al cabo del tiempo, algún erudito posterior (el desconocido Antón Antónovich Lieski) publicó una crítica de lo que pasaba por ser una obra póstuma del autor, dedicada y basada en aquello que pudo haber sido y no fue, obra que debió llamarse “La rosa de espinas”. Desgraciadamente, se perdió el rastro de tal obra, y muchos luego han dudado también de que dicho crítico hubiera conocido o llegado a leer supuesta obra, y que ya fuera por exceso de pasión o por notoriedad, no existiera más que en su imaginación. Alguno llegó incluso a dudar de la existencia del propio Lieski, pero eso es otro asunto que no nos ocupa en este momento.
Según la crítica antemencionada, el culmen de la obra pseudo-autobiográfica se producía cuando la chica desapareció un buen día y el alter ego de Chéjov, tras buscarla desesperadamente por toda la casa y alrededores, sólo pudo encontrar un ramo seco de rosas con espinas.
Esas son las rosas que pretende recordar el arquitecto que diseñó la estación, colgándolas de un lugar muy visible pero en el que nadie se fija, como metáfora de lo que le sucedió al propio Chéjov con aquella chica…

Inspector de escalera meditando introspectivamente sobre la historia de Chéjov

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Acerca de Alienigena in alia terra

Bienvenido a Alienigena in alia terra. Vivir en otros países conlleva que a veces te sientas como un “extranjero en tierra extraña” o, como acertadamente decían los romanos, alienigena in alia terra. Me encantan la Historia Antigua, el software libre y abierto y la música clásica. En un mundo de “ventanas” y operaciones triunfo, ¿qué mayor sensación de sentirse extranjero en tierra extraña que esta?
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