Pushkinskaya y El hombre que no podía soñar (relato apócrifo de Antón Antónovich Lieski)

Pushkin en Pushkinskaya

Busto de Pushkin en "su" estación de metro

Púshkinskaya, precioso y eufónico nombre para una estación de Metro, dedicada al gran poeta romántico ruso por antonomasia, que a fuerza de querer ser romántico, se hizo matar en un duelo, con lo que superó a nuestro querido Bécquer según los parámetros románticos de entonces, quien pasó a la posteridad por una tuberculosis.
La plaza de Púshkinskaya, en la superficie, es un lugar céntrico y capital de la vida moscovita, donde la populosa calle Tverskaya (según leí, la más cara del mundo) se cruza con el Anillo de los Bulevares, no muy lejos del Estanque del Patriarca, donde da comienzo El maestro y Margarita de Bulgákov. Y es justo enfrente del mismo donde dio comienzo asimismo el nuevo capitalismo ruso, con la apertura del primer McDonald’s en Rusia, que aún sigue abierto (de hecho, se ha reconvertido en una versión de lujo de MacDonald’s).En la misma acera de los bulevares, unos cien metros más allá, se encuentra un delicioso establecimiento, que conserva el encanto del siglo XIX o de lo mejor de la época soviética, donde venden instrumentos musicales y partituras de todo tipo, abarcando todos los clásicos, románticos y gran parte de los modernos e incluso de los barrocos (por supuesto, nada de Wagner… ¡hasta ahí podíamos llegar!).

En Notas estuve el otro día comprando un lote de partituras para piano y guitarra, cuando al llegar a casa encontré dentro del lote un breve texto mecanografiado y una foto suelta. En la tienda parecían no saber nada, y fue casualidad según parece, que me lo encontrara dentro del lote, probablemente la última persona que vendió tal lote traspapeló el documento.
Contenía diferentes textos y documentos (aparte de la fotografía, si, como yo sospechaba, formaba parte del documento); eran principalmente historias, la primera de las cuales captó de inmediato mi atención.
Se denominaba
Человек без снов (The man who couldn’t dream, aparecía al lado como subtítulo), y según aparecía al final del texto, era obra de un oscuro autor llamado Antón Antónovich Liéski (o Liesóv, que esto no estaba claro pues había algunos comentarios a mano en los que se le identificaba como Liesov).
Transcribo aquí parte del texto, debido al interés que me generó.
“Todo empezó hace algo más de un año, aunque no estoy muy seguro pues ya perdí la cuenta. Sinceramente, no sé muy bien cómo enfocar el tema, dado que hasta ahora creo que no he sabido o podido tratar este asunto de la forma más adecuada.
Hace algo más de un año me desperté un día tras haber tenido un sueño muy vívido, con una imagen completamente nítida en mi recuerdo en la cual me encontraba de repente en una elektrichka rusa viajando a un pueblo de las afueras de Moscú, donde habitualmente resido, pero en esa imagen era como si fuera un viaje en el tiempo, al siglo XIX, con un soldado de los de la Guerra de Crimea, como figuran en muchas de las narraciones de Tolstói, también con un pope ortodoxo de luengas barbas y sotana apolillada, con un aire a lo Rasputín que me desconcertó durante todo el viaje imaginario; había igualmente una pareja que parecía estar disfrutando del viaje, o sería la botella de vodka a la que parecía agarrarse él la que le hacía brotar la sonrisa, como anticipando un pronto y prometedor viaje a un nirvana en el que olvidar los problemas diarios; la señora con velo según la ortodoxia eclesiástica; un tipo con gorra de cazador a lo Sherlock Holmes -empezaba a hacer frío ya en esa época- que no nos quitaba el ojo de encima… para mí que era de la KGB. Todo el ambiente era decimonónico, como de otros tiempos ya muy lejanos.
Ya había olvidado completamente aquel sueño cuando unos amigos me invitaron a su dacha para el fin de semana. Y de repente, al entrar en aquel vagón, me vi transportado de repente un siglo atrás, justo a mi recuerdo de aquel sueño. Todo era exactamente como en el sueño…”
Aquí Lieski se extiende con excesivamente prolijos detalles sobre el sueño, que no vienen al caso. Como creo que la foto que encontré junto a las partituras debe ser una instantánea de aquel momento, he creído oportuno incluirla, por ser muy descriptiva. Lo que no está claro, después de mucho contemplarla, es cuál de los personajes de la foto es Lieski, si el que da la espalda al fotógrafo o quizás el que mira precisamente de forma insistente y continuada al objetivo
, pues el de la botella es claramente un extranjero, aunque cabe la posibilidad de que fuera el propio Lieski el que tomara la foto.


“… Aquel mismo fin de semana -prosigue Lieski- en la dacha, volví a tener uno de aquellos sueños tan intensos, y en él se me aparecía una de las muchachas más bellas que jamás he visto (y eso que por aquí las hay muy bonitas), y durante el viaje de regreso entablábamos conversación y nos despedíamos al final citándonos para otra ocasión, lo que me hizo despertar con una ilusión especial y una sonrisa en el rostro, que mi amigo no dejó de advertir, y hasta que no le conté el sueño no descansó.
Lo más sorprendente es que, efectivamente, todo sucedió como en el sueño, todo exactamente igual, excepto al final, en que todo se torció con respecto al recuerdo de mi sueño, y la chica se marchó tal como llegó, ni ofendida ni ilusionada, ni nada; simplemente se marchó y ya está…
Después de aquello, de vez en cuando he vuelto a tener sueños premonitorios como estos mencionados, y finalmente he llegado a la siguiente conclusión: si me guardo el sueño para mí, se cumple completamente tal y como lo soñé… pero si por alguna razón cuento el sueño o intento interferir en él para cambiar el resultado o lo intento reconducir, por decirlo de alguna manera, para hacerlo más satisfactorio para mis intereses -especialmente en los sueños de resultados no demasiado agradables-, entonces en dichas ocasiones el sueño efectivamente se modifica, pero no como yo pretendía, sino de una manera completamente distinta e impredecible, y con frecuencia con resultados menos satisfactorios de los que yo pretendía corregir con mi intervención o haciendo partícipe a otros de tales sueños.”
Aquí cuenta Lieski algunas experiencias más de algunos de estos sueños, tanto de los rectos como de los torcidos. Por no extenderme en el relato, he optado por centrarme en lo que he considerado más interesante, sin romper el hilo de su discurso, que sigue a continuación.
“Es por eso que, poco a poco, he ido odiando cada vez más tener tales sueños, y he hecho todo lo posible por intentar no soñar, y en el caso de hacerlo, nunca más le he contado mis sueños a nadie. Por esto mis amigos, que antes disfrutaban de mis historias oníricas, ahora me han empezado a llamar el hombre sin sueños, o el hombre que no podía soñar.
Ello no obstante, no he podido evitar seguir teniendo tal tipo de sueños tan vívidos, y ante mi angustia por no poder hacer nada, los he puesto por escrito, tentando un poco al destino, pues no sé cuándo tendrán lugar y momento mis sueños, ni sé si el hecho de ponerlos por escrito ya supone una intervención y con eso estoy condenando mis sueños a un resultado alterado de forma impredecible a mi actual entender. Por si esto llegase a manos de alguien más afortunado que yo, o por si más adelante fuera posible actuar o controlar lo que narro, lo pongo por escrito. En el peor de los casos, alivio mi angustia y fío al destino lo que podría ser y que yo me veo incapaz más que de, simplemente, soñar y contar por escrito.
Un sueño que tengo de forma repetitiva desde hace ya años, es sobre el crecimiento económico y energético tan bendecido por todos en estos momentos, especialmente en nuestra querida madre Rusia, donde no paran de encontrar nuevos yacimientos petrolíferos y gasísticos (aunque todos acaben en las manos de unos pocos, sin embargo); no obstante en mi sueño todo ese crecimiento se va desplomando y hundiendo, como si tuviera los pies de barro. Incluso veo una Moscú (que me cuesta identificar, por lo cambiada que está, por lo que pienso que debe ser dentro mucho tiempo cuando ocurra mi sueño) con temperaturas mediterráneas en verano y siberianas en invierno; esto es obviamente imposible, pero lo veo nítidamente en mi sueño, incluso es más, en una ocasión soñé que ardía toda Rusia y que Siberia se descongelaba y se cambiaba el clima de Rusia y de toda la Tierra. Soñé que por todo el mundo se sucedían continuamente desastres naturales, que por todos los países construían centrales nucleares como setas y que algunas explotaban matando gente y contaminando terrenos, soñé que todo el mundo dejaba de lado los recursos naturales inagotables de la tierra, porque importaba más el presente y el ahorro económico que el futuro de nuestro planeta y de nuestros hijos.
Todo esto que he soñado es imposible que suceda, lógicamente, al menos según la mentalidad de alguien de mitad del siglo XX como yo, así que creo que he debido estar soñando con el Infierno o con el Juicio Final mismamente (si fuera creyente obviamente, que aunque los tiempos tras Stalin se han suavizado nunca se sabe…)
Mi sueño continuaba después de esta pesadilla. Después de esto, veía unos cielos más limpios, veía mecanismos y tecnologías desconocidas para mí que hacían uso de todo tipo de recursos naturales, sin contaminar ni ensuciar la atmósfera ni nuestro ambiente ni la salud ni nuestro entorno cercano. Veía, para mi sorpresa, que Rusia, a pesar de sus reservas de petróleo y gas, se iba convirtiendo en una abanderada de esta nueva política de cielos y suelos limpios, lo cual me daba a entender que mi país seguramente iba a sufrir unos enormes cambios en los próximos años, si es que esto era cierto. En mi sueño los políticos se comprometían con honestidad, honradez, a hacer una política económica para hacer crecer al país y no únicamente a una oligarquía, y se comprometían a hacer un uso más eficiente de la economía, los recursos naturales y energéticos, para poder crecer de forma continuada sin comprometer el futuro de todos ni el del planeta en el que vivimos.
Este sueño es tan ridículo en estos días, que he decidido ponerlo por escrito, por si en el futuro, cuando me resulta obvio que esto tendrá lugar, hay alguna manera de evitar tal crisis apocalíptica como he soñado. Tengo miedo, sin embargo, a que el hecho de haberlo puesto por escrito, comprometa el resultado final, y en vez de evitar tal crisis, lo que consiga es que el resultado final sea el que se tuerza y al final nuestros políticos no sean tan comprometidos como he soñado, o que lo sean sólo de cara a la opinión pública, pero no lo suficiente como para cambiar esta pesadilla que soñé.
Si bien esto es lo que principalmente me preocupa, también he soñado otras cosas que no sé si vincular a mi sueño anterior. He soñado que en todo el Mediterráneo no eran los políticos los que cambiaban para hacer una política limpia, tanto de cielos limpios como de bolsillos limpios, sino que después de siglos de corrupción y dictadura, era el propio pueblo el que se levantaba y echaba a sus gobernantes corruptos, que era la propia gente la que se levantaba y se organizaba, sin líderes populistas ni demagógicos, y decidía cambiar las cosas en sus países. Esto no sé ya si creérmelo… en los países árabes todos sabemos que esto no sucederá jamás, por lo que o este sueño mío no es de los premonitorios o pasará en otro siglo distinto al actual en el que escribo esto.
Pero lo más sorprendente del caso es que, a modo de la marea que llevó al Islam desde la Península Arábiga a la Ibérica hasta Roncesvalles, esta nueva marea limpiadora y purificadora, en mi sueño también llegaba hasta Portugal y España, y eran los propios ciudadanos los que expulsaban a los políticos de los tradicionales partidos corruptos, y decidían renovar sus gobiernos, eligiendo políticos nuevos, jóvenes, comprometidos con el futuro, honrados, que apostaran sinceramente por esa política de cielos limpios y bolsillos limpios, por renovar la energía, la economía, la sociedad y la política, para que el desarrollo de sus países respectivos pueda crecer y mantenerse de una forma sostenida.
Pero todo esto no sé si se cumplirá. Me temo que al ponerlo por escrito se tuerza el resultado final de mi sueño, como el de todos mis sueños.
Como alguien querido me dijo una vez, no se pueden tener sueños, y si los tienes, no se pueden contar, porque entonces dejarán de ser sueños.
Espero que tú, querido lector, si en el próximo siglo, llega mi manuscrito -un comentario a mano indica que la versión mecanografiada es muy posterior a la original manuscrita, cuyo paradero desconozco- a tus manos, quizás entonces si esté en tus manos la posibilidad de intervenir para hacer que mi sueño se cumpla y no se tuerza, y que la crisis apocalíptica de mis sueños no se materialice y deje paso a un futuro más limpio (en todos los sentidos), que permita un desarrollo sostenible.”

Y ahí acaba el relato abreviado que abre el manuscrito –mecanografiado, en la versión que ha llegado a mi poder- de Antón Antónovich Lieski. Espero que al hacerlo público no haya actualizado yo el conjuro que afecta a los sueños de Lieski y que se pueda hacer realidad por lo menos el final de este su último sueño post-apocalíptico.

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Acerca de Alienigena in alia terra

Bienvenido a Alienigena in alia terra. Vivir en otros países conlleva que a veces te sientas como un “extranjero en tierra extraña” o, como acertadamente decían los romanos, alienigena in alia terra. Me encantan la Historia Antigua, el software libre y abierto y la música clásica. En un mundo de “ventanas” y operaciones triunfo, ¿qué mayor sensación de sentirse extranjero en tierra extraña que esta?
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