La carretera de los entusiastas.

Sókol, Aeroport, Dinamo…
Novokuzniétskaya, Tretiakóvskaya…
Aviamotórnaya, Carretera de los Entusiastas…
La belleza del Metro de Moscú no reside sólo en la estética insuperada de sus estaciones, sino también en sus nombres.
Arcos a modo de nervaduras góticas en Sókol, donde te sientas alrededor de una columna y pareces sentir que estás en una mini catedral, si cierras los ojos.
Marquesinas gaudianas que hacen de respaldo de asientos de madera en Aeroport, en una gran nave diáfana. Será por eso que se llama Aeroport, pues el más cercano de los cuatro modernos aeropuertos moscovitas se encuentra a varios kilómetros de aquí.
Bóveda en la nave central y dos naves menores laterales, a modo de capillas donde los moscovitas se recogen contemplativamente a la espera del siguiente convoy, con iluminación difusa gracias al alabastro translúcido, lo que aumenta la sensación de espiritualidad. Aunque no una espiritualidad religiosa, sino laica, hacia la nueva religión, el deporte. Con salida al estadio del Dinamo de Moscú, está ornamentada de medallones de mármol con escenas bucólicas de deporte amateur. También se hacía patria y se honraba al partido a través del deporte…
He recorrido tantas veces estas estaciones y sin embargo a veces me sorprendo descubriendo nuevos detalles en ellas, a pesar de todo.
Sus trenes a toda velocidad (más de 40 Km/h, más del doble de rápido que el de Madrid), creando ese vendaval por el efecto de succión y empuje en los túneles. Parece que Serguéi Vasílievich Rajmáninoff hubiera compuesto su Preludio en Do# menor Op.3, nº2, después de bajarse del metro, por cómo parece reproducirse el ritmo frenético del tren. Versión de Steve Osborne:http://www.megaupload.com/?d=BNI79GF1
Aunque dudo que a sus 19 años Rajmáninoff soñara siquiera con montarse en un metro que no iniciaría su construcción hasta más de 40 años después. Sí es más probable que hubiera conocido el tren convencional en superficie, en sus desplazamientos de Moscú a San Petersburgo. No puedo evitar pensarlo cuando escucho la transición hacia la parte final del Preludio en Sol menor Op.23, nº5, como si fuera una locomotora arrancando y cogiendo velocidad poco a poco. Versión de D.Alexeevhttp://www.megaupload.com/?d=V8YK4YV6
Y cuánto soldadito joven de patrulla, haciendo las delicias y el objeto de los comentarios de los escasos turistas occidentales que se aventuran en invierno por aquí. Ya les queda poco para guardar sus largos guardapolvos verdes y sus “chapkas” (gorros) de piel, guantes y bufandas. Ya está empezando el deshielo. Por fin, después de seis largos y fríos meses.
Novokuzniétskaya, Tretiakóvskaya, estaciones con sabor al barrio entre bohemio y señorial en el que se encuentran, Zamoskvoreche. El mármol cede paso al granito veteado rosado o color siena, excepto en el enorme pasillo abovedado que sirve de comunicación entre ambas estaciones, refugio antiatómico de mármol y estuco.
Aviamotórnaya, estación con aire industrial, quizás para reflejar el ambiente fabril de la superficie, por las instalaciones de motores de aviones que hubo en su día. Su techo de rombos metálicos, pareciendo simular un dibujo de Escher, rompe con la estética más clásica de las estaciones anteriores. Por no hablar del “ábside”, con su órgano de tubos y su ángel presidiendo el conjunto escultórico posmoderno. Original iconografía para ser de origen soviético.
Y la Carretera de los Entusiastas. Poético nombre para una carretera, principio del exilio siberiano para muchos rusos, cuyo “entusiasmo” sirvió para bautizar la línea de salida de su “ruta turística subvencionada” a través de la inhóspita Rusia interior.
Entusiastas. Como la sonrisa de Bruce Willis anunciando un banco ruso. Aunque me quedo con la imagen de Gobernator Schwarzenegger anunciando un vodka ruso…
¿Y qué hago yo en la Carretera de los Entusiastas? Buena pregunta. Intentando un milagro… 🙂 Pero esa otra historia, digna de otro momento y ánimo bien distintos.
Hoy amaneció soleado. Pero soleado de otra manera. Sol de chaquetón sin cerrar, bufanda colgada abierta al cuello o en el perchero de casa, guantes en los bolsillos, y gorra en la mano la mayor parte del tiempo. Primer día por encima de cero, y primer día primaveral. Hoy he visto sonreír a más de un moscovita. Hasta yo he sonreído hoy… Y me he animado a escribir, después de 20 años con la pluma guardada…
Será un subidón de serotonina, pero hoy he vuelto al Moscú de hace quince años. A la Carretera de los Entusiastas.

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Acerca de Alienigena in alia terra

Bienvenido a Alienigena in alia terra. Vivir en otros países conlleva que a veces te sientas como un “extranjero en tierra extraña” o, como acertadamente decían los romanos, alienigena in alia terra. Me encantan la Historia Antigua, el software libre y abierto y la música clásica. En un mundo de “ventanas” y operaciones triunfo, ¿qué mayor sensación de sentirse extranjero en tierra extraña que esta?
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